Diez signos de que estamos estresados

Estrés y coronavirus

Detectar el estrés a tiempo

Sabemos que practicar Reiki es una magnífica forma de librarnos del estrés ,lo malo es que no siempre somos conscientes de que lo sufrimos, y como las causas del estrés son además ladronas de tiempo, tampoco lo practicamos. Así que cuando por fin descubrimos que padecemos estrés, este ya se ha apoderado de nosotros y es más difícil de erradicar.

Es por eso que debemos estar atentos a su detención temprana.

Cada vez que tenemos una respuesta al estrés, nuestro cuerpo y nuestro cerebro nos envían muchas pistas para informarnos sobre este estado, de las que, a menudo, no somos conscientes. Pero, para hacer frente al problema, debemos saber que existe, y para diagnosticarlo hemos de conocer sus síntomas.

Esta respuesta al estrés ha existido desde tiempos inmemoriales y es necesaria para la supervivencia. Cuando el cerebro detecta una amenaza, activa un sistema hormonal que conducirá a la producción de hormonas del estrés por parte del cuerpo. Una vez producidas, estas hormonas del estrés permitirán que el cuerpo decida cómo actuar ante la amenaza: huyendo o combatiéndola. Sin embargo, una cierta proporción de las hormonas del estrés también accederá al cerebro y cambiará la forma en que se procesa la información.

Cuando sufrimos estrés, se produce una respuesta que resulta en los siguientes diez signos:

Las pupilas se dilatan

La dilatación de las pupilas ocurre para permitir que pase más luz a través del ojo y así maximizar la visión nocturna, en caso de que la amenaza ocurra durante la noche. Por lo tanto, una respuesta al estrés hará que los objetos sean más claros y mejor definidos. Notarás que el contorno de los objetos que te rodean es más claro, verás un poco más allá.

Se ponen los pelos de punta

Un gato que se encuentra con un perro hace que sus pelos se ericen, lo que le hace parecer más grande, aumentando sus posibilidades de asustar al perro. La misma respuesta ocurre en humanos, aunque ahora seamos mucho menos peludos que el hombre prehistórico, la reacción se conserva desde aquella época. 

El ritmo cardíaco se acelera

Esta respuesta se da para que el cuerpo envíe más sangre a los músculos de forma que tenga la fuerza necesaria para combatir la amenaza. Por lo tanto, cuando tienes estrés, eres más fuerte. 

La respiración se vuelve irregular

Con esto se envía más oxígeno a los músculos y, nuevamente, aumenta nuestra fuerza para combatir la amenaza. Podemos reconocer fácilmente esta respiración. La persona respira hondo y, cuando habla, tiende a hablar bruscamente. ¡Es un índice de estrés muy fácil de reconocer en otros!

 
Los músculos se tensan

Con toda esta sangre y oxígeno yendo a los músculos, ¡los músculos están listos para la batalla! Estos se aprietan, tus puños se cierran, tus mandíbulas se tensan. Si prestas atención a tu corazón y a tu respiración cuando reconoces que tus músculos están muy tensos, notarás que tu corazón late más rápido de lo normal y que tu respiración parece más difícil. Estás en medio de una respuesta al estrés.

Las glándulas sudoríparas se abren

Las glándulas sudoríparas nos permiten sudar. En general, sudamos cuando hacemos deporte o realizamos un trabajo exigente, porque estas dos actividades aumentan la temperatura corporal y la transpiración nos ayuda a disminuirla. Cuando tenemos una respuesta al estrés, movilizamos energía como si estuviéramos haciendo un ejercicio físico exigente y las glándulas sudoríparas se abrieran, liberando así el sudor para permitirnos disminuir la temperatura de nuestro cuerpo. En estas condiciones, sudamos sin siquiera habernos movido.

La mirada va de un lado a otro

Frente a la amenaza, la mirada comienza a ir de un lugar a otro, y esto, muy rápidamente. La persona estresada analiza el entorno para detectar otras posibles amenazas, para asegurarse de que todo está bien, y constantemente busca reconocer elementos que permitan alterar la respuesta al estrés.

Se desata ira espontánea exagerada o injustificada

Está buscando en el entorno pistas que detengan su amenaza y de repente algo interfiere con su trabajo de detección de amenazas (por ejemplo, un familiar se planta delante de la tele mientras estás viendo un programa sobre el COVID-19). Cuando esto sucede, hay una buena posibilidad de que tengas una ira espontánea que te hará gritarle que se mueva para que puedas seguir viendo el especial.

Se piensa constantemente en la situación, la persona, el evento que causa el estrés

Cuando el cerebro detecta una amenaza, comienza a ocupar todo el espacio en su mente, porque el cerebro busca asegurar su supervivencia. Por lo tanto, dirigirá tu pensamiento hacia esta amenaza, y esto, hasta que la hayas superado. Es la llegada del pequeño hámster en tu cabeza. Esta pista es imposible de detectar desde el exterior, pero es una de las señales más obvias de que el estrés está sucediendo en su vida.

Se olvidan las cosas

Dado que el cerebro está constantemente pensando en la situación que le estresa, se hace cada vez más difícil prestar atención y memorizar otra información ambiental que no está relacionada con la amenaza. Entras en una habitación de la casa preguntándote qué has venido a hacer allí, o pierdes el hilo de tus ideas.

Uno no debe temer a estas manifestaciones físicas y mentales del estrés. Estas son respuestas completamente normales del cuerpo que surgen ante cualquier situación estresante. Sin embargo, es importante reconocer estos signos para tomar conciencia de nuestras respuestas al estrés y, por lo tanto, trabajar para controlarlas, tal como aparecen. Cuando hacemos esto, evitamos que nuestro estrés agudo se convierta en estrés crónico.